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    Hoy vivimos, quiz ms que nunca, un mundo fronterizo para el que no tenemos ya modelos. Y precisamente en tres libros Ezequiel Martnez Estrada nos muestra el conflicto vivido y escrito por tres autores -Hernndez, Hudson y Quiroga- ante un

    . Ellos, ms el propio Estrada, son cuatro inadaptados frente a los cambios. Recordar estos ejemplos tal vez pueda ayudarnos tanto para no repetir proyectos que llaman al fracaso, como para pensar la modernizacin, uno de los principales desafos de los pases latinoamericanos.

    (1957).Y durante toda su obra Estrada predic que la modernizacin de Amrica Latina deba estar cimentada, antes que nada, en su propia idiosincrasia. De lo contrario el resultado estaba a la vista en Buenos Aires, la Pars postiza y brbara por dentro, o en la

    que se pintaba ojeras, usaba polleritas cortas y por dentro era una vestal incorruptible o, ya en un terreno propiamente poltico, en la reaparicin sistemtica de la barbarie simbolizada para l en el peronismo.

    No es que para Martnez Estrada la autenticidad fuera folclrica, simplemente ella es la necesidad y el reconocimiento de que la modernizacin debe partir de la tradicin. Lo contrario es el delirio de Sarmiento de querer ponerle frac al gaucho. El peso de la figura de Sarmiento fue tal vez el gran mvil de Martnez Estrada, una y otra vez intentar rebatirlo. Precisamente Hernndez, Hudson y Quiroga son tres escritores con vidas y obras contrapuestas a la del autor del

    . En cada uno de ellos el conflicto entre la naturaleza y la cultura es la clave para entender sus obras, pero se resuelve de manera distinta a la del presidente argentino. Y en cada uno de ellos su vida es esencial para entender la obra. El patricio Hernndez se vuelca a escribir sobre lo que su clase desprecia por vulgar y toma partido por el gaucho; Hudson es el autoexilado que pasa el resto de su vida contando las aventuras que vivi en Amrica Latina y que no encuentra en la civilizada y aburrida Inglaterra; Quiroga es el diplomtico que se encuentra a s mismo en la soledad de la selva, que es planta en sta y yuyo en la ciudad. Son tres inadaptados. Como tambin lo es el propio Martnez Estrada. Sus vidas y sus obras lo atestiguan.

    Por qu le interesan estos tres autores a Martnez Estrada? Antes que nada por la razn del artista, los considera insuperables en sus estilos. Pero esto no es suficiente. Ellos le sirven en realidad para continuar lo inaugurado en su

    donde su principal tesis deca as: Nuestra barbarie ha estado, bajo ciertos aspectos, fomentada por los soadores de grandezas, y muchos de nuestros ms perjudiciales males se deben a que esa barbarie no fue reducida por persuasin a las formas civiles, sino suplantada de golpe y brutalmente por todo lo contrario; en que, simplemente, se le cambi de signo. Hernndez, Hudson y Quiroga son soluciones distintas al mito sarmientino que funda la Argentina moderna. Son el taer de la otra campana.

    En el mundo fronterizo que revela Hernndez civilizacin y barbarie se confunden hasta que resulta muy difcil identificar dnde est cada cual. En los libros de Hudson, Estrada descubre no slo el ambiente de la regin que todava no haba sido nombrado, sino, tan importante como sto, el vuelco definitivo hacia la naturaleza y la importancia de vivir en armona con ella. Algo muy similar a lo de Quiroga, que lo lleva a la prctica hasta las ltimas consecuencias. Pocos personajes (y obras) hay donde el conflicto entre naturaleza y cultura sea vivido tan intensamente como en Quiroga.

    El padre de Ezequiel Martnez Estrada (1895-1964) llega desde Navarra con la intencin de hacer fortuna fcil en Amrica y volverse a Espaa. Su futuro ser el mismo que el del padre de Hudson, comienza en esta tierra una lenta, aunque persistente decadencia econmica y moral. Desarraigado, desencantado, con sus sueos hechos trizas, pierde la nocin de quin es. Su madre, tambin espaola, era de familia ms acomodada y no se adapta a la vida de provincia. Se separan luego de haber tenido tres hijos. Tambin se separar Martnez Estrada de ellos siendo muy joven. A su madre no la vuelve a ver sino una vez ms en la vida cuando sta lo visita en su enfermedad. A su padre lo volver a ver recin cuando tiene sus primeros libros de poemas publicados. Martnez Estrada naci y vivi en pueblos de provincia hasta que su familia debe trasladarse a Buenos Aires, en el comienzo del fin del paraso infantil. Al perodo de su niez lo recordar con gran nostalgia atribuyndole el origen de buena parte lo que le pas en su vida.

    A los veinte aos comienza a trabajar como funcionario del Correo Central, empleo que conservar durante tres dcadas. Como Lugones, ocup este cargo de empleado pblico con el nico fin de tener asegurado su sustento. El temor y el masoquismo le hicieron querer este empleo de cuarta hasta sentirse dependiente del mismo. Era parte del acicate para desarrollar su oficio de escritor en el tiempo restante. Qu ser de m el da que me jubile o disponga de todo el da para pensar con calma y ordenar mis ideas? Acaso me echar a dormir. Se lo escribe a su ntimo amigo Horacio Quiroga, el hermano mayor.

    La fama y el reconocimiento lo reciben joven, es apoyado por el Papa Lugones que lo adopta como protegido. Su juventud es de poeta modernista y gana en 1927 el Premio Municipal de Buenos Aires. La influencia de Quiroga ser decisiva en su cambio de rumbo hacia el ensayo, que se produce en 1929 cuando comienza a pensar en su

    . Con este libro, dir, se cancela casi por completo lo que llama su adolescencia intelectual y a partir de entonces la poesa ocupar un lugar mnimo. Mnimo en lo que a la escritura en verso concierne, pero estar permanentemente en el estilo de su prosa, que se desarrolla con imgenes y metforas de poeta. En 1929 gana el Premio Nacional de Literatura y con el dinero compra una estancia de 400 hectreas. El cambio de poeta a ensayista no es slo la influencia de Quiroga; en 1930 Yrigoyen es derrocado por un golpe de Estado y el pas fcil de las dcadas anteriores se complica por la crisis econmica general y el agotamiento del modelo agrario. Tambin estaba agotado el modernismo, socavado por las vanguardias del veinte y los febriles cambios de la modernizacin urbana. Martnez Estrada nunca estuvo cerca de los jvenes (que no eran tanto ms jvenes que l, Borges era apenas cinco aos menor). Sin embargo ser el propio Borges quien har una de las primeras y escasas reseas iniciales de su

    (le pondera su estilo aunque ironiza sobre su tono que le resulta demasiado grandilocuente y medio pattico; ms tarde Martnez Estrada ser uno de los personajes de su cuento-ensayo Tln, Uqbar, Orbis Tertius). Como Quiroga, Martnez Estrada tampoco tiene afinidad con el movimiento renovador de la dcada del veinte, le parece demasiado postizo y pirotcnicamente superficial.

    En 1950, apenas terminado el libro sobre Hudson, comienza su extraa enfermedad, tal vez el nico rasgo verdaderamente legendario de la vida de Martnez Estrada. Todo su cuerpo se cubre de un eczema en la piel, que se le pone negra, dura, gruesa. Debe guardar cama cinco aos enteros. Cuando cae el peronismo en 1955, se cura misteriosamente. Estbamos enfermos el pas y yo fue su interpretacin. Visceralmente antiperonista, Martnez Estrada se convierte en el smbolo de la enfermedad que, piensa, su pas sufre. La reproduce en su propia carne, con la coincidencia agregada del oscurecimiento de su piel (con el peronismo irrumpen en escena los cabecitas negras). Su reaparicin pblica es violenta y solitaria (publica

    ). A los pocos aos se va a Cuba fascinado con la revolucin. Se establece all y escribe su obra sobre la vida de Mart. Vuelve a morir en su patria, deja de existir en 1964. Logr lo que Lugones, su primer maestro, haba conseguido en las primeras dcadas del siglo. En la Argentina se escribi por mucho tiempo con o contra Martnez Estrada.

    No es ociosa la referencia anterior a la vida del escritor, pues la relacin entre biografa y obra es uno de los puntos centrales sobre los que Martnez Estrada estructura los tres libros en que se centrar este artculo. En realidad tambin son tres las coordenadas sobre las que estn construidos (sobre todo

    ): biografa, contexto y obra. Las biografas actan humanizando los textos y ese acercamiento produce un efecto narrativo como el de una novela. El contexto histrico, poltico, social y cultural es donde el ensayista vuelve una y otra vez a interpretar el pas y hacer algunas veces extensivas sus ideas a toda Hispanoamrica: la necesidad de construir formas sociales y polticas a partir de lo que se es, las consecuencias negativas de querer implantar la modernizacin con modelos extranjeros sobre tradiciones vernculas distintas, y la utilidad de pensar el conflicto entre barbarie y civilizacin mediante la crtica amplia de ambas, esto es, mediante el reconocimiento de las virtudes y aberraciones de las dos. En el anlisis de las tres obras seleccionadas, Martnez Estrada se detiene particularmente en el mundo de los personajes que los escritores construyen, en la filosofa y los valores de los autores y obviamente -l es antes que nada un escritor- en la forma y el estilo con que se expresan.

    Extendiendo un poco ms la relacin entre biografa, contexto y obra, tal vez podran hacerse las siguientes equivalencias. El gaucho Martn Fierro, personaje construido a propsito por Hernndez como un habitante comn de la pampa es la complementacin del Facundo, caudillo poderoso en que todas las caractersticas de los distintos tipos humanos de la llanura confluyen extraordinariamente dndole su carcter mtico. El propio Hernndez es el alter-ego de Sarmiento al cual se opuso toda su vida. Horacio Quiroga es el smbolo de la autenticidad ms plena entre obra y vida, es el modelo de persona sobre la que Martnez Estrada deposita toda su amistad y admira como hombre, aunque entendiendo sus profundas diferencias. Hudson, por su parte, es lo que Martnez Estrada hubiera deseado ser: escribir, sentir y pensar como l. Por estas razones es que las biografas de los tres autores forman parte central de los tres libros. En

    , el mejor retrato de los ltimos aos del escritor segn Rodrguez Monegal, uno de sus bigrafos ms reconocidos que escribi tres libros sobre Quiroga. Es que Martnez Estrada necesita identificarse con la persona sobre la que trabaja, precisa hacerlo no solamente porque cree que el objeto de estudio (las obras), se aprehende en su totalidad cuando relacionado con la biografa.

    Hay tambin una cuestin moral en ello, una posicin muy clara (y tambin muy discutible) de lo que significa el trabajo intelectual. Este, para Martnez Estrada, debe ser acompaado por una conducta de vida que lo avale. Hernndez, Hudson y Quiroga cumplen para l este requisito, indispensable para interesarlo a fondo en sus obras; lo mismo que Sarmiento y Mart, otros dos hroes del olimpo estradiano.

    es un vastsimo trabajo compuesto por dos volmenes: el primero, subtitulado Las figuras, tiene trescientas noventa y tres pginas, el segundo, Las perspectivas quinientas veinte. El primer tomo incluye el poema completo y est dividido en tres partes. La primera versa sobre Las personas, una puesta al da de lo poco que se conoce hasta la fecha de la biografa de Hernndez y un anlisis breve de los personajes que componen el poema: Fierro, el sargento Cruz, los dos hijos del primero, Picarda -el hijo de Cruz-, el viejo Vizcacha -tutor del segundo hijo de Fierro- y el Moreno; a estos personajes principales se le agregan los secundarios -jueces, comandantes, gringos, mujeres, indios, etc- y los inadvertidos: el caballo, las vacas, los perros. La segunda parte de este primer volumen describe La frontera, o sea el mundo en el que se desarrolla la historia, sus habitantes, su territorio. La tercera y ltima es un anlisis histrico del pas. El segundo volumen tiene un contenido mucho ms de crtica literaria (Morfologa del poema, Las estructuras, Lo gauchesco, El habla del paisano) aunque vuelve sobre El mundo de Martn Fierro y Los valores.

    Lo que hace Martnez Estrada en esta obra tal vez pueda verse como un ejemplo perfecto de lo que el antroplogo norteamericano Clifford Geertz llama descripcin densa de un hecho cultural, en este caso un texto. A partir del poema se va tejiendo un entramado de asociaciones que, como en una tela de araa, su ncleo es el

    , que est conectado a todos los puntos de la red. En el poema los personajes prcticamente no son personificados: slo aparecen los nombres de Martn Fierro y Cruz, al resto se los identifica con sus motes (el hijo mayor, el viejo Vizcacha, Picarda, una ta, etc.). El paisaje apenas ocupa unos pocos versos, el lugar tampoco aparece precisamente ubicado, las divisiones polticas tampoco son mencionadas. La frontera, donde se desarrolla la obra es s la confluencia entre la civilizacin y la barbarie, aunque stas no son las mismas que para Sarmiento. El indio es brbaro, pero permite la salvacin de dos cristianos malamente perseguidos; los fortines son las puntas de lanza de la civilizacin pero la vida en ellos es esclavitud, Fierro mata, pero lo hace para defenderse, o cuando, luego de haber perdido tierras, familia y hacienda, est ciego de ira.

    Entre los fortines y las tolderas indias, el nico espacio verdaderamente de civilizacin son las estancias, diezmadas por los malones indgenas y el reclutamiento militar. La estrategia de Hernndez de no caracterizar demasiado personas, lugares, o bandos polticos, tiene el efecto de que cualquiera pueda identificarse con su personaje. La historia de Fierro es la historia comn de cualquier habitante de la Argentina, es el smbolo que puede encarnarse en infinitas personas concretas, o que puede

    , esto es, transformarse en distintas figuras. Martnez Estrada va todava ms all, la transfiguracin tambin opera en el tiempo superando el momento histrico concreto. Cmo l mismo lo dir en

    . La oposicin entre Hernndez y Sarmiento no se agota en esas dos obras; ya antes el primero haba escrito en contra del segundo, al que se opuso polticamente toda su vida. Ejemplo de este contrapunto entre ambos es un panfleto que Hernndez haba escrito sobre

    nace de una ida inversa. Para Hernndez las ciudades -y en primer trmino la ciudad de las ciudades, Buenos Aires- encierran casi todos los males polticos: el germen de las discordias, el manejo arbitrario de las rentas, los gobiernos unitarios y despticos, el olvido y desprecio del campesino. (p.303)

    no es una obra poltica en el sentido estricto del trmino. Por esta razn en el poema no aparecen casi mencionadas las disputas entre facciones partidarias, ni tampoco la relacin entre el gauchaje y los caudillos, a los que seguan en sus combates. No aparece mencin ni de Pavn ni de Cepeda, ni de nada que haga referencia explcita al mundo poltico argentino, tambin silencio sobre la guerra contra el Paraguay. Tampoco es mencionado que los fortines, a donde eran mandados los gauchos, en realidad cumplan otras funciones polticas que la general sealada en el poema. No era tanto la lucha contra el indio el objetivo del reclutamiento, sino la utilizacin del gaucho en las disputas polticas de los gobiernos (pp 311-313). Si el

    no es una obra poltica en el sentido estricto s lo es en una acepcin ms amplia, en su carcter de dar a conocer un mundo de injusticias localizado en la frontera de la civilizacin y la barbarie. Como dice el propio Martnez Estrada en fin, el tema fundamental del Poema, el que cala ms hondo, es el de la injusticia. Mucho ms que lo poltico y lo social, configura un mundo fronterizo en el sentido lato de la palabra (p. 380). Este es en verdad, mi princi

    Tomando como punto de partida que es la vida en la frontera lo que Hernndez quiere describir, Martnez Estrada le otorga la vigencia en el tiempo a la obra. Y, por la misma razn, el anlisis de Martnez Estrada tambin se torna nuestro contemporneo. Nosotros tambin vivimos actualmente un mundo de fronteras, tal vez no tan fcilmente delimitables, como las de entonces, pero s con las mismas preocupaciones. Qu cosas son las que perduran a pesar de los cambios? Es posible hablar de ciertas invariantes que llegan a configurar una historia? Tiene sentido hablar de lo autntico? De una identidad cultural? Estas son las preocupaciones con las que Estrada analiza el

    toca todas sus facetas. El libro tiene trescientas cuarenta pginas y est dividido en dos partes Vida y mundo y Obra e ideas; su objetivo aqu es bastante diferente del de

    Hudson, en cambio, le revela a la Argentina otras cosas: cmo es su territorio, sus pjaros, sus luces, sus olores, sus animales, su clima, sus hombres, sus casas; hace visible lo que pasaba hasta entonces inadvertido. Si Hernndez escribe mimetizado desde la psicologa gauchesca -que no prestaba inters a estas cosas porque el gaucho slo las viva, no las abstraa- Hudson incluye a sta en un saber universal, la trasciende sin falsearla. La palabra

    como Sarmiento descubri) es, segn palabras del propio Martnez Estrada, la que corresponde aplicar a Hernndez, ese hombre de genio. El caso de Hudson es tan distinto que puede ser el contrario. Hace un camino inverso pues se desprende de su cultura libresca para llegar a la simplicidad de lo que de tan comn no resultaba interesante. Como apropiadamente lo describe Massingham el es el gran primitivo que en sus novelas se interesa por arrieros, peones, pastores, aldeanos, en quienes encuentra la armona de vivir. No los interpreta con ingenuidad, es demasiado inteligente para ello, aunque hay que reconocer que su veta romntica es a veces exasperante (cosa que nunca podra haberse dado en Hernndez). Es que Hudson posea tanto una vivencia personal adquirida en treinta aos de vivir el pas, como adems un acervo cultural refinado. Tal vez el mayor inters de Martnez Estrada en Hudson es que encontraba en su obra respuesta afirmativa a la siguiente interrogante Y no estamos encontrndonos en l; no acudimos a su obra como a una fuente en que beber el agua clara que necesita nuestra sed; no forma parte l de nuestros nmenes para adquirir conciencia de lo que somos? (MMGEH, p.137).

    Una de las muchas comparaciones que Estrada hace de los dos autores dice as: Hernndez recoge del campo otros materiales, mucho ms pobres y reducidos. En Hudson estn las praderas y los ganados, los rboles, las flores, los animales, las nubes, las lagunas, los hombres, los hogares, los nios, las costumbres (MYTMF, p.43)

    . La novela comienza con el discurso de su protagonista -el ingls Richard Lamb- en el cerro de Montevideo maldiciendo la tierra en que desembarc y lamentndose porque los inlgeses la dejaron perder. Finaliza invirtiendo los trminos y alegrndose de la derrota de las invasiones inglesas que llevando su progreso la habran arruinado. Tambin pone en Abel, el protagonista de

    , palabras de felicidad cuando llega a las selvas de Guayana no adulteradas por la civilizacin. En sus memorias sobre la Argentina se indigna con ciertos inmigrantes italianos por su depredacin de los pjaros y de la naturaleza, as como la barbarie de los saladeros y la matanza descomunal de ganado.

    escribi: ...de existir una tesis en el Poema, y de ser sta la de que la civilizacin administrada desde los centros urbanos no tiene de tal sino la apariencia...carece de eficacia...Mucho ms convincente es esa misma tesis en las obras de Hudson, particularmente en

    , en que, fuera del alegato final, todo el panorama de un pas pastoril pero poseedor de una energa extraordinaria enjuicia en bloque a la civilizacin fabril occidental (p.314).

    Hudson escribi su obra en ingls, se nacionaliz ingls, aunque nunca perdi el carcter forjado en las llanuras argentinas. Su hablar pausado, su acento castizo, su personalidad asctica, son los rasgos que nunca perdi y que sus amigos cercanos cuentan lo hacan a l mismo una figura extraa en Inglaterra. Sobre las llanuras escribe de memoria con fidelidad precisa de lo que haba vivido en su juventud y, segn su propia versin, los recuerdos le aparecan con una facilidad torrencial. Es capaz de recordar hechos, sensaciones y figuras desde los tres aos de edad, el tiempo para l nunca fue perdido ni fue trabajoso retenerlo.

    A Estrada le interesa Hudson en primer lugar porque es para l uno de los mejores exponentes de la literatura argentina (la cuestin de la nacionalidad no le preocupa y minimiza las crticas de traidor que le fueron formuladas a Hudson; ste lleva el pas en su sangre). Sostiene, como Borges, que fue uno de los mejores en captar lo gauchesco sin caer en lo pintoresco o en la tan discutida mirada urbana sobre ello. Pero, a diferencia de Hernndez, Hudson le revela a Estrada una Argentina desconocida. Es por eso que se detiene en el

    en analizar la forma en que Hudson habla del paisaje de la llanura, del viento, de la luz, del avestruz, del gorrin, del armadillo, de la vizcacha, del guanaco, del caballo, de las serpientes, de los perros, de los personajes del lugar.

    Apenas como un ejemplo baste el del perro. En cuanto rancho haba en la Argentina necesariamente viva -y as contina siendo hoy en da- por lo menos un perro, generalmente ms de uno. La familia de Hudson tuvo a veces ocho, otras llegaron a quince. En varios de sus libros tiene leyendas sobre perros, como aquella en que cuando muere su dueo el perro se queda junto al cadver para que no se lo coman los chimangos; ya seco va hacia la laguna ms prxima y muere en el camino de sed. Habla de los perros salvajes, de los perros cazadores, de la relacin entre los perros y los habitantes de la regin, pampa o patagonia. Se detiene tambin largamente en la forma en que Hudson trabaja sobre los sentidos: la vista, el tacto, el olfato, el odo, el gusto, aplicados sobre un ambiente que va descubriendo. Por eso es que Estrada encuentra muy apropiada la descripcin que hiciera Massingham en su libro

    . Su escritura le revela aquello que el hombre urbano ya haba perdido; y esto lo hace con la experiencia de lo vivido, con la precisin del naturalista, con historias magnficamente contadas. Su hazaa consiste en que descubri un mundo ya descubierto y que haba quedado sepultado, como las ruinas de alguna ciudad bajo la tierra o la lava, por la insensibilizacin del hombre fabril occidental...En esta proeza de reconstruir el mundo de vida salvaje -no el pintoresco, sino el de las cosas vivas en s- reconstruye al mismo tiempo una facultad perdida, la de entrar en comunin sana y comprensivamente con los dems seres...(l es capaz) de restaurar en nosotros facultades que nos resignbamos a considerar definitivamente atrofiadas. (MMGEH, p. 125).

    ), pues en el libro hay gran nmero de apartados que podran ser descritos como microsociologa aplicada a los temas de inters de Hudson. Bien podra decirse que Estrada hace una lectura simmeliana de Hudson.

    Si Hernndez tena el prodigio de retener cien palabras recitadas en el momento, formar frases y ordenarlas como quisiera, Hudson era capaz de silbar el canto de doscientos pjaros argentinos transcurridos cincuenta aos de haberlos escuchado. Martnez Estrada dice que el ideal de Hudson habra sido vivir en una cabaa, absolutamente slo, que fue lo que Lao Tse hizo en la vejez y en la sabidura (MMGEH, 94). Este es, con la distancia debida, el intento destinado al fracaso desde el inicio, de Horacio Quiroga.

    Este libro es muy diferente a los dos anteriores sobre los que gira este trabajo. Es pequeo, tiene noventa y dos pginas, e incluye cartas, recuerdos de vivencias compartidas y fundamentalmente un anlisis de la persona y no tanto de la obra, aunque en Quiroga obra y vida son inseparables.

    No hay otro escritor en el Ro de la Plata, ni tal vez en toda Amrica Latina, que se haya forjado una leyenda tan grande de hombre civilizado que desprecia la civilizacin. Hernndez era un hombre simple y primitivo que vivi su vida guerreando, en una manera l estaba integrado en el mundo que le toc vivir. Hudson huye porque el dolor de ver destrozado el entorno que am es ms fuerte que sus races, lo mantiene vivo en la distancia bsicamente en su mente, en sus recuerdos, en su carcter. Quiroga es el

    que delira reconstruyendo su propio espacio materialmente. Sufre el destierro, como dice Martnez Estrada (y posteriormente Rodrguez Monegal titular su biografa de Quiroga

    (ahora la revista vanguardista y no el gaucho) lo margina. Tambin busca la soledad porque su primer contacto con la selva cuando viaj con Lugones a las Misiones fue una revelacin.

    . Arreglaba su casa, encuadernaba sus libros, cosa su ropa, fabricaba sus canoas, modelaba cermica, desmalezaba la roza y de vez en cuando deliraba con montar una industria que vendiera fruta deshidratada (cinco mil naranjas en una damajuana de diez litros!). Hasta ofici de partero con su primera hija. Lo que l no soportaba era esa promesa de un mundo pastoso y carente de aventura que el predominio tcnico auguraba.

    Quiroga quiere crear un mundo propio en donde cultura y naturaleza estuvieran armonizadas. El sabe muy bien que es un hombre de cultura refinada y no reniega de ella, pero desprecia el hombre culto cuyo saber le hace impotente para bastarse a s mismo.

    El cultivo de s no es solamente libresco, sino tambin prctico. Para l es un deber hacer, amigo mo. Somos hombres; no hay que olvidarlo (EHQ, p.61). Martnez Estrada lo compara acertadamente con el caracol que moldea su propia casa y vive slo en ella. Quiroga siente la necesidad de crear con sus propias manos el entorno en que vive, hbitat, objetos, paisaje. No elige la soledad conscientemente, va expulsando los seres que lo rodean afectivamente por exigirles que vivan de su misma manera, que encuentren la misma necesidad y placer en sus raptos de ascetismo. Sobre sus primeras experiencias en el norte le escribe a Estrada: Me levantaba tan temprano que despus de dormir en un galpn, hacerme el caf, caminar media legua hasta mi futura plantacin donde comenzaba a levantar mi rancho, al llegar all recin comenzaba a aclarar. Coma all mismo arroz con charque (nunca otra cosa), que pona a hervir al llegar all y retiraba al medioda del fuego. El fondo de la olla tena un dedo de pegote quemado. De noche otra vez en el galpn, el mismo matete (EHQ, p.87). Es el inicio de la caparazn de coral, con el tiempo la metamorfosis lo convertir en araa. Su veneno se va vertiendo lenta e inadvertidamente sobre los seres que lo rodean, que no tienen ni la misma fortaleza fsica y psquica, ni la voluntad de acompaarlo en su fantasa de nufrago. Su primera mujer, como la joven del almohadn de plumas, sucumbe; la segunda lo descubre a tiempo y le revela: vivira a tu lado aterrorizada en la contemplacin de una monstruosa araa. El lo acepta y agrega: mi mujer no vi la araa en Buenos Aires; pero aqu acab por distinguirla. Sin embargo, amigo, no la culpo mayormente. Es tan dura esta vida para quien no siente la naturaleza en el

    no slo aparece el retrato del amigo, a medida que Martnez Estrada va narrando sus vivencias compartidas aparecen invalorables rasgos de su propia vida y obra. Estrada se siente cmplice de Quiroga en varios aspectos. Estuvo l mismo a punto de irse a vivir e instalarse a su lado en el norte. Quiroga le insiste en varias cartas para que concrete la partida, le dice que ha desmalezado su terreno, que lo ayudar a construir su casa, que se sentir pleno trabajando manualmente. El proyecto nunca fue concretado, Estrada es conciente que ello hubiera puesto en jaque su amistad y que el trato cotidiano, regular, con el amigo era imposible.

    El origen de este proyecto era para Martnez Estrada una especie de retirada heroica, dice: ...yo haba jurado no publicar ms, despus de la condena unnime por la intelligentsia de mi

    . Nuestro retiro en la selva misionera era dejarles las colas a los cazadores. Su desdn era tan grande como el mo por la cultura de fbrica. Iban sucumbiendo o esterilizndose los valores verdaderos, y avanzaba la ola de barbarie alfabetizada que pondra las letras en el nivel de la poltica (EHQ, p.67).

    Estrada no se va a la selva, pero ms tarde se ir del pas -a Cuba- por exactamente las mismas razones que se acaban de mencionar. Con esta especie de autoexilio, no hace ms que seguir a su manera lo que haban hecho Hernndez y Hudson. A diferencia de este ltimo, vuelve para morir, a su tierra natal.






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